Se conocieron mientras cursaban los últimos años del polimodal en
¿Cómo surgió la idea de trabajar con el tema del Tren Blanco?
Ayelén Mazzaglia: Queríamos hacer algo, pero no sabíamos qué. Justo la gente de
Gabriel Cordone: Además, queríamos hablar del hoy. En los documentales anteriores hablábamos de la memoria, de los 30 años. Y estábamos un poco “cansados” de hablar de 30 años antes y queríamos hablar sobre qué pasa ahora.
AM: No deja de ser interesante hablar de lo que pasó, pero está bueno investigar otros campos, que además son en los que uno se mueve todo el tiempo. Si bien uno se entera y sabe un montón de cosas, es distinto cuando lo vive. Y este tema es algo que vemos cotidianamente, vos vas caminando y ves un cartonero que pasa con su carro, ves un nene revolviendo la basura…
¿Si sacan el tren qué pasa?
AM: La idea de TBA es ofrecer un sistema de camiones que trasladarían los carros y los cartoneros se trasladarían en los trenes de horarios regular. Es un problema porque la vía no tiene una calle paralela de Retiro a Suárez para que el camión vaya directo, entonces empieza a desviarse para todos lados. Después, existe el riesgo de que un cartonero se lleve un carro que no sea el de él, o que el tren se frene y el camión siga… pueden pasar muchas cosas y ellos viven con lo que juntan cada día. Y si alguien se lleva el otro carro, o lo que sea, lo pierden.
GC: A ellos les sacan el tren en diciembre, ahora. Y de alguna forma queremos mostrar la lucha de los cartoneros, que quieren que no les saquen el tren porque si no, no pueden vivir, no pueden comer, no pueden nada, porque ellos viven el día a día. Es algo que nos rodea, no podemos no estar al tanto de eso. Es preocuparse, analizarlo, mirar por qué pasan estas cosas y no decir “uh qué lástima, me da bronca”. Es, además de eso, ver qué puedo hacer. Si hay que romper todo, hay que romper todo.
¿Qué otras voces reunieron, además de los testimonios de los cartoneros?
AM: La idea era conseguir una entrevista con el vocero de TBA, Gustavo Gago. Llamé, me dijeron que tenía que mandar el proyecto a un mail. Me tuvieron diez días sin respuesta hasta que volví a llamar. Y me dijeron que sí, que Gago nos iba a dar la entrevista. Nos preguntaron qué horario, qué día. Nos tuvieron así un montón de tiempo y nunca confirmaron. Un día estaba ocupado, otro no había ido, otro estaba de viaje por trabajo. Después de casi dos meses, llamé –yo venía hablando con una chica que se llama Virginia Molinero-, me atiende otra chica, Maia y me dice que Virginia no está, que la llame al otro día. Al día siguiente llamo, hablo con Virginia y me dice que llame al día siguiente y hable con Maia. ¿Cómo voy a hablar con Maia si me manejé con vos durante dos meses? Me dijo que no se acordaba y me cortó. Entonces, mi mamá llamó haciéndose pasar por una madre del proyecto y habló hasta que esta chica le reconoció que se había olvidado y quedaron en que teníamos que mandar un mail recordándole la situación y pidiéndole que por favor nos diera la entrevista, pero que puede ser de acá a dos meses. O sea, que en total, van a ser cuatro meses de nada.
GC: Además, tenemos las voces de los cartoneros, de las delegadas y del titular de consumidores libres, Héctor Polino. Él habla de los subsidios del gobierno a las líneas ferroviarias.
¿Cómo fue la experiencia de rodaje?
GC: Vimos muchas cosas. Una, cuando nos metimos así de una, sin autorización de nada. Estuvimos un rato filmando al costado, mientras esperaban que el tren salga. De repente, unos chicos que estaban ahí nos hacen un gesto con la mano como diciéndonos “Váyanse” y después el guarda nos toca bocina con el tren y nos hace de nuevo el gesto.
AM: Y ahí nos fuimos caminando a Chilavert (la estación siguiente), no volvimos a Suárez (risas). Es muy impactante porque uno ve uno, dos, tres cuatro, pero ahí los ves a todos juntos en quince minutos. Aparecen y aparecen todo el tiempo, miles de carros. Es una imagen que te impacta muchísimo.
¿El trato después cambió?
GC: Cuesta, cuesta porque más allá de que quizás tenés algún conocido, tenés que ganarte la confianza. Cuando te metés, tenés algunos gritos: “¡No filmes!” “Te voy a sacar la cámara”. Después, tenés otros que dicen “Son laburantes igual que nosotros”.
AM: En todos lados pasa lo mismo, tenés el que te puede llegar a entender y el que no.
GC: Entrás a otro mundo, son otros códigos, es otra cosa. Son vidas e historias diferentes, es otro contexto social.
AM:.Ellos deben sentirse como ratas de laboratorio. Va todo el mundo y los quiere filmar, Hay que entrar de a poco, al principio no te dan bola, después más o menos, después van probando a ver cómo te movés, después necesitás permiso de TBA. Lo que nos explicaron es que si hablan o dicen algo sin estar respaldados por el permiso que nos da TBA para filmar, les van sacando vagones. Al principio no nos querían dar entrevistas las delegadas. Y es entendible, porque podían llegar a sacarles otro vagón más: tenían cinco y ahora quedan tres.
¿Tenían ideas o juicios previos que se modificaron haciendo el documental?
AM: Nos fueron pasando un montón de cosas. Uno lo comprende porque tiene un pensamiento con el que se involucra más y le importa más el otro. Yo no quiero que vivan así, que estén así, no quiero que haya gente en el norte, sur, este u oeste que se muera de hambre, chicos desnutridos, uno comprende eso. Pero cuando te vas a meter, te das cuenta que es otra cosa. Son otros códigos. No es lo mismo cuando caminás por un lugar conocido que cuando vas a Suárez, no es por donde vos te movés. Se hace muy difícil, nos costó muchas veces llegar a entrar y poder filmar adentro del Tren Blanco. Entonces, no sé si cambió la idea, pero uno empieza a vivir en carne propia cosas que no tenía en cuenta.
GC: No sé si son prejuicios, pero es meterte en otro mundo. Son otros códigos. No son pobres porque sí, sino que hay atrás un sistema que oprime para que sean así y estén así para después tener en las elecciones un clientelismo político.
