O las palabras que se combinan en mi mente.

sábado, diciembre 15

Sergio Langer: "Con mis dibujos trato de reparar la injusticia"

En un ambiente repleto de dibujos, cuadros, libros y revistas en pleno Paternal hará su aparición Sergio Langer, el humorista gráfico creador del personaje de La Nelly que acompaña a diario las contratapas de Clarín y de la irónica Mamá Pierri de la revista Barcelona. Langer sabe asumir los riesgos de “hacer un humor que va más allá” y habla de la carta que llegó desde la Embajada de Bolivia en Argentina, en la que se acusaba a La Nelly por su contenido “racista”, nada más lejos de su intención.

A lo largo de la charla evidencia toda su energía y espontaneidad: intercala llamados, cambia de lugar, hace chistes e hila un tema con otro constantemente. Arquitecto, humorista, simple y crudo, un oxímoron de personalidad que da como resultado un trazo negro, grueso, pero tierno, con un objetivo claro: enfrentar la injusticia con su mejor herramienta, el humor.




En tus dibujos, el efecto humorístico va acompañado de una dosis de realidad muy fuerte, ¿se podría decir que sos apocalíptico?


Soy muy emocional, afectivo, pero tengo una sensación de que el mundo no es como me gustaría que sea. Si tenés un nivel de sensibilidad, de percepción un poco más trabajado, más evolucionado –no lo digo jactándome, eh-, eso te permite percibir y tener una antena para ver cosas que sirven para dibujar. Pero no sé si soy apocalíptico. Para hacer humor gráfico como el que trabajo yo, que es un poco una risa que nace del dolor y de la injusticia, tenés que ser a veces un poco negro, cruel.


Quienes trabajan en la expresión, en el arte suelen tener una búsqueda, una obsesión, ¿cuál es la tuya?


Yo busco tratar de reparar la injusticia. Tampoco es algo estructurado, a veces te vas para donde viene… Pero lo que más me preocupa es la injusticia, la pobreza. En el humor me gusta marcar y mostrar eso, pero que haya humor, porque no tiene sentido sólo bajar línea. Es una manera de ver la vida: que las cosas no están bien, que tendría que haber justicia, es un como leitmotiv en mi trabajo.

Y mi otra obsesión es el nazismo porque mi vieja fue sobreviviente de un campo de concentración y es un tema que me pegó de muy chico. Uno podría decir que eso es un tema europeo, pero acá tuvimos una dictadura, tuvimos milicos, tuvimos un autoritarismo y una clase dirigente que tenía mucho de fascista.

Además, mi dibujo tiene algo de dibujo de Europa del este, sin que yo me lo proponga: mi viejo era polaco, mi mamá rumana. Entonces, hay tendencias expresionistas con el negro, el grotesco. A mí me gusta y me sale esa línea negra, sucia.


¿Qué cosas fueron las que más te marcaron en tu trayectoria como dibujante?


Alrededor de los años 80, cuando empecé a publicar en la revista Humor con continuidad fue una, para la parte de espectáculos. Después, a fines de los ‘80 empecé a salir en la revista El Periodista de Buenos Aires, que fue como una antecesora de Página 12. También cuando empecé a laburar en el diario Sur, que fue el primer diario que sacó el partido comunista acá. Si te hago una lista de los nombres que había ahí no podés creerlo: entre otros, estaban Polimeni, Polosecki, María Seoanne, Juan Sasturain. Había un montón de gente. Era buena la gente que laburaba, pero era muy PC, muy tendencioso. En el momento en que se estaba cayendo el Muro de Berlín, acá salía un diario comunista… igual tengo un buen recuerdo. Ese fue el primer desafío. Me acuerdo que cuando empecé a laburar me dijeron: “Vos tenés que hacer como Daniel Paz y Rudy” porque ellos estaban en Página 12 y era la novedad de centro izquierda, del progresismo argentino. Pero me rompía un poco las pelotas que me pidieran eso porque lo bueno que podés diferenciar de un humorista gráfico de otro es el estilo, el carácter que lo diferencia y que le da una identidad. Y eso lo fui construyendo, remando, haciendo lo que me gusta y finalmente pude ser yo.


¿Existen muchas trabas para publicar en un medio grande como Clarín?


Obviamente desde el vamos vos sabés que hay límites por los que hay que circular. No podemos joder con la religión, sexo y drogas porque es una tira para toda la familia. Ahí hay un límite, pero no es censura. Sí lo es que te digan: “no hagas humor con tal político”. Pero entre esos límites que uno tiene por ser un medio tan grande y los límites que uno mismo se impone, con Rubén (Mira) hacemos un producto donde no abandonamos nuestra manera, seguimos diciendo cosas. A veces ves que la tapa del diario es una y nosotros en la contratapa decimos exactamente lo contrario. A veces nos llaman la atención, nos dicen “Pará un poco”, pero tratamos de correr los límites. Igual, hay cosas que hay que saber. Estoy en un diario que tiene una alianza bastante fuerte con el gobierno, no es opositor… y vos nunca sabés los tejes que hay y no vas a arruinarles esos vínculos.


Pero en realidad si te rebotan de esa manera es porque “perturba” y eso en algún sentido está bueno…


Sí, por eso yo todavía me sorprendo de estar en Clarín. No es que renuncié a mi acidez, simplemente es un desafío. Está bueno hacer La Nelly porque es un personaje de historieta. Mi humor no es apto para gente que no está preparada para asimilarlo. Y si no, mirá lo que pasó con lo de Bolivia…Vos escuchás que hubo expresiones antisemitas o racistas, pero justamente uno de los personajes más terminados y más progresistas de la tira es la boliviana. El tipo vio dos, tres tiras y tomó literalmente lo que estaba viendo, no captó la ironía. Lo que estábamos haciendo era burlando un submarino yanqui que venía a bloquear los puertos bolivianos. Y ése es el chiste, porque Bolivia no tiene puertos.. o sea, si te lo tengo que explicar, no da. Pero bueno, es el riesgo de hacer un humor que va más allá... Nunca nos hubiéramos imaginado esa reacción, porque ese personaje está construido para reparar el estereotipo de la boliviana. De hecho, nos hicieron notas en diarios bolivianos antes diciendo “qué bueno que hay un personaje como Catalina”. El tipo no leyó nada.


Recién decías que en Clarín había ciertos límites, pero más allá de cada medio, en general, ¿cuáles son los límites de tu humor? ¿Los tiene?


No me pongo a laburar y tengo como una hoja de ruta donde digo “esto no lo voy a hacer”. Es como que yo te diga cuáles son tus límites en general en las cosas que uno hace, hasta dónde uno se mete. Si yo soy un psicópata, soy un psicópata haciendo humor, soy un psicópata enrollándome con una mina, soy un psicópata manejando. Y yo soy un tipo muy cuidadoso. Capaz que toda la rabia que tengo –porque todos tenemos alguna furia que no expresamos- la expreso en el humor. No haría nada racista, al contrario, yo hago que mi humor vincule o desarticule, o haga reír desde un lugar que no sea el racismo. A veces se escucha “Pasaron los límites”, pero ¿qué? ¿Los límites que los “bienpensantes”? ¿De un consenso? Porque los límites de los “bienpensantes”, del consenso, de la moral, no son los míos.


Si alguna vez se terminaran estas cosas malas del mundo que reflejás en tus dibujos y comenzáramos a vivir en un “mundo ideal”, ¿se termina el humor?


Siempre va a haber alguno que se va a resbalar con una cáscara de banana en la calle y te va a hacer reír. Y siempre va a estar la muerte. Ante esa idea de que nos vamos a morir, que es tan angustiante, uno necesita reírse. Yo dibujo para no laburar. Quién sabe qué haría en un mundo ideal... No sé, tal vez estaría trabajando la tierra, con música new age, no habría chimeneas que contaminen. Pero siempre va a haber en una aldea auto sustentable-ideal un tipo que se encame con la mujer del vecino, y ahí ya está.-